Batalla de inmortales

Cuando alguien se propone hablar del Descenso a nado de la Ría del Navia, puede enfocarlo desde múltiples puntos de vista. Todos tienen cabida. Puede utilizar un punto de vista histórico, o social si lo prefiere, o cultural también, cómo no deportivo y si quiere ser preciso y exhaustivo habría de tratarlos todos sin dejarse ninguno por el camino. Pero simplemente con el trato aséptico, con la crónica matemática de todos y cada uno de esos puntos de vista no se llegaría a dar una imagen fidedigna de lo que realmente es el Descenso. Porque siendo historia, pueblo, cultura y deporte el Descenso a nado de la Ría del Navia no tiene sentido sin el punto de vista sentimental y cualquiera que se acerque y se sumerja en sus aguas se dará cuenta de que todos aquellos quedan vacíos si no se dotan de sentimiento. Porque El Descenso es ante y sobre todo un sentimiento.

El primer descenso a la Ría de Navia se celebró el 17 de agosto de 1958. Al principio el descenso no era un descenso como tal, sino un ascenso. Se partía de El Pardo y se ascendía hasta llegar al puente de Navia donde se situaba la meta de la competición. Durante las 3 primeras ediciones se denominó a la prueba Travesía a nado de la Villa de Navia. Es en 1961 cuando se cambia el recorrido y partiendo de las Aceñas, se sitúa la meta en el puerto de Navia. A raíz de esto se consuma el nombre definitivo que llega a nuestros días. Descenso de la Ría de Navia. El Descenso.

Juan Ignacio Martínez Fernández-Villamil apodado desde la tierna edad de 2 años con el mote de “Moreno”, con el que todo buen naviego lo reconoce, nace en Navia el 7 de diciembre de 1946. Ingeniero de profesión se compromete de lleno en la organización del Descenso a los 17 años y desde ese momento su vida estará constantemente unida a este evento, corriendo paralela al cauce de un río al que se refiere constante y reverencialmente. 53 años en la organización. Más de 40 años como Coordinador del proceso organizativo. Una vida o más de una dedicada al Descenso.

Moreno es el Descenso transmutado en persona. El sentimiento naviego de una prueba que trasciende con mucho lo deportivo. Persona seria pero afable, profesional y meticulosa ante todo, amante del detalle y el dato, transmite el ser del Descenso sin obviar ningún punto de vista, dejando claro que todo lo hecho y vivido ha sido no importante, sino fundamental desde aquel 17 de agosto de 1958 para llegar a convertir a esta prueba en lo que es hoy en Día. Un referente deportivo nacional e internacional, una fiesta, una crónica de la historia de un pueblo, un pueblo, un sentimiento. Nunca se olvida de nadie y es consciente de que algo así no se hace sin el trabajo amigo de muchísimas personas. Siempre los amigos.

Decía Jorge Manrique en sus Coplas: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar/ que´s el morir.” El Navia contiene una vida que nunca llega a la mar. Que nada en épica batalla por su desembocadura hasta llegar a la meta en el puerto, nunca al mar. Nunca a la muerte. Es una batalla de inmortales, donde contra natura quien se enfrenta a la muerte siempre se sabe ganador. El Descenso juega siempre con ventaja. Siempre el agua.

El Descenso no sólo es historia y pueblo y cultura y deporte. Es el sentimiento profundo de muchísimas personas y Moreno la personificación del mismo.

 

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