La vida en un parque

Hablando claro, como nuestro protagonista hace siempre, Luis termina nuestro encuentro exhortándonos para que aquí, en el Occidente, espabilemos. Todos. Para que despertemos del letargo de la vida acomodada y hagamos algo más que quejarnos por ejemplo de que desde el centro de Asturias se nos ningunea y olvida. Nos exhorta a hacernos valer, a mostrarnos y demostrarnos que de verdad tenemos cosas de las que presumir. A hacerlas, a perseguir nuestros sueños, a ser creativos, a no dejarnos vencer, a ir contracorriente y perseverar en el intento. Porque nosotros mismos desde el Occidente somos los primeros en olvidarnos de lo que tenemos a nuestro alrededor, a nuestro lado y lo que es aún peor aunque consecuencia lógica de esta ya casi idiosincrasia nuestra, los últimos en valorarlo y ponerlo en valor a los demás, si es que tan siquiera eso llega a suceder.

Luis es una persona con las cosas muy claras y cuando habla demuestra su enorme preocupación por hacer despertar en sus interlocutores el espíritu crítico ante el mundo que les rodea. Nos confiesa que nunca fue un estudiante sobresaliente, y que abandonó pronto los estudios, pero que desde hace muchos años, desde que su camino en la vida se le reveló, no ha dejado de hacerlo. A día de hoy y regularmente se encierra alrededor de 4 horas diarias para profundizar sus ya enormes conocimientos astronómicos, geológicos, biológicos, medioambientales… Y todo desde un entusiasmado y convencido autodidactismo.

Luis es conocido por todos por sus constantes apariciones en los medios de comunicación autonómicos y nacionales (Iker Jiménez en su Cuarto Milenio recurre habitualmente a él para hablar del medio natural y sobre todo marino). Fue el impulsor del desaparecido por desgracia Museo del Calamar gigante, referente absoluto en el estudio e investigación de esta especie en todo el mundo. Es el Presidente de la Coordinadora CEPESMA destinada a la recuperación, conservación, educación y divulgación de los ecosistemas marinos, y creador de un espacio alucinante llamado El Parque de la Vida, situado en La Mata, un pequeño pueblo del concejo de Valdés, creado y construido sin ningún tipo de ayuda o financiación pública.

El Parque de la Vida es la proyección física de lo que Luis es, de lo que Luis piensa y en lo que cree. Un lugar de divulgación científica y medioambiental que deja en estado de shock a todo aquel que se acerca por allí. Y es que nadie se espera si no está sobre aviso lo que El Parque de la vida le va a deparar. Entre otras muchas cosas contiene una colección enorme de especies abisales, un Observatorio Astronómico y un Planetario Digital, un Centro de recuperación de especies, una Senda geológica donde se explica el origen del Universo y de la vida en la Tierra… Es algo que hay que ver para entender, porque todo eso y más está en un lugar llamado, repito, La Mata. No en Madrid, Valencia, La Coruña o Gijón. Está en La Mata.

Se suele decir que cada vez que alguien relee un libro esa segunda lectura es totalmente diferente a la primera porque esa persona ha cambiado, ha vivido, ha pasado por momentos felices y tristes, ha sufrido los reveses y alegrías de la vida. Somos seres en constante evolución. Cuando se sale del Parque de la vida, la persona que abandona el lugar no es la misma que la que ha entrado. Luis dice que el día en el que no se aprende algo es un día de vida perdido. Tiene razón.

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