Humor inglés

Hablar de Edward Warner es por encima de todo hablar de una buena persona. Edward considera bueno a todo el mundo. No hay malas personas para Ted.

Hablar de Ted es hablar de alguien con un sentido del humor inigualable, que se reconforta haciéndote sonreir, viendo la alegría reflejada en el rostro de los demás.

Hablar de Ted es hablar de casi un siglo de vivencias e historias. Historia. Tanto que contar que otra vida no sería suficiente.


Aquel día húmedo y neblinoso, como si se tratase de su Inglaterra natal, Ted nos esperaba plácida y pacientemente sentado en un banco, a la izquierda de la entrada al Ayuntamiento. Cuando llegamos a su altura nos saludó cortés. A propuesta del propio Ted, nos pareció buena idea antes de subir a su casa tomar algo en su bar habitual. Nos preguntó si hablábamos inglés, sediento de poder expresarse en su lengua natal y a partir de ahí, la cortesía inicial fue dejando paso a la conversación confiada y cargada de sentido del humor. No dejó de bromear casi en ningún momento y cuando dejaba de hacerlo o era para reflexionar, adquiriendo la solemnidad que da la experiencia de una vida no solo vivida, sino meditada, o para saborear su copa de vino blanco que pidió al camarero señalando que tal vino habría de ser del 25, para posteriormente bromear diciéndole que le había dado uno del 27.

Empezaba a llover cuando salimos del bar y nos encaminamos a su casa, pero eso no le preocupó lo más mínimo y no dejó de hablar y bromear mientras caminaba, pidiéndonos disculpas posteriormente si sus bromas no eran de buen gusto para nosotros, cosa que no ocurrió en ningún momento y que con la repetición terminó convirtiéndose en algo igualmente gracioso.

Llegados a un punto del camino hacia su casa, había que empezar a subir escaleras. Apoyado en su bastón comenzó el ascenso y nosotros tras él. Sabía el número de peldaños de memoria y así nos lo transmitió, como preparándonos para lo que nos íbamos a encontrar. Nos contó las molestias que le causaban sobre todo cuando al terminar de bajarlos se daba cuenta de que se había olvidado algo en casa y tenía que volver a subirlos. A buen seguro, una broma más. La escalera zigzagueaba entre callejuelas y casas apretadas que se elevaban hacia el cielo entre tejados y ventanas. No dijimos nada en ese momento pero todos pensamos en el esfuerzo que debía de suponer para él subir y bajar todos los días al menos una vez, como nos indicó que hacía para comprar el periódico y el pan, aquellas escaleras.

Edward Warner nació en Portland, Inglaterra en el mes de marzo de 1925 y aunque él lo niegue, posee aún a día de hoy una mente absolutamente clarividente. Se alistó como voluntario en la Marina inglesa a los 17 años anticipándose a la convocatoria forzosa a filas. Realmente y como él reconoce, aquel niño no tenía ni idea de dónde se estaba metiendo. Sirvió en el crucero ligero francés Georges Leygues y participó en el Desembarco de Normandía probablemente el hecho más importante y con más trascendencia histórica ocurrido en Europa en todo el siglo XX.

Cruzar el umbral de su hogar significó adentrarnos a un mar de recuerdos. Todo hogar es una proyección del interior de una persona y todo lo que había en aquella casa era parte de Ted. Su colección de máscaras africanas, las fotos de sus padres, las lecturas realizadas, las cartas escritas y recibidas… Aquel pequeño hogar elevado entre nubes y tejados al que se llegaba a través de decenas húmedo y fríos peldaños era su Universo. Su proyección. 90 años de existencia.

Ted y su testimonio son historia viva de la II Guerra Mundial y de aquel extraordinario y hasta cierto punto suicida desembarco, pero por encima de todo eso, por encima de todo, Ted es una buena persona.

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A través de la madera

Nunca se sabe qué se puede encontrar tras la puerta de un hogar. Quién vive, a qué se dedica, qué esconderán las paredes de una casa. Nadie puede imaginárselo y cuando entras en casa de Fortunato Fernández conocido por todos como Nato, cuando abre su puerta incluso antes de cruzar el umbral y puedes ver parte del interior, lo que esas paredes esconden, ese desconocimiento se convierte en sorpresa al ver la cantidad enorme de instrumentos que lo invaden todo, ocupando las paredes, el suelo, las mesas, sillas…

Violines, violas, gaitas, zanfoñas, laudes, balalaikas, mandolinas…

Porque en casa de Nato a día de hoy no se construye otra cosa que no sean instrumentos y no de cualquier manera. “Esto es matemática, si fallas un milímetro todo el trabajo no vale para nada”.

Nato fue toda su vida un reputado ebanista y así se ganó la vida, pero siempre le apasionó la música, y tras su jubilación se dedicó enteramente a la construcción de instrumentos. Comenzó con una gaita y a partir de ahí la lista se hace interminable hasta llegar a la zanfoña, instrumento del siglo XII al que dedica a día de hoy todos sus esfuerzos, compuesto de cuerdas que se tocan moviendo una manivela mientras se presiona a la vez las teclas del teclado.

Los muestra, toca y ofrece encantado para ser tocados y se nota que no hay nada que más le apasione que escuchar las notas que salen de sus creaciones, sea de sus manos o de las manos de otra persona.

La primera estancia es su museo, la exposición de toda su obra como luthier, o un centro de interpretación en un momento determinado o indeterminado más bien, pero la segunda, la interior es aquella donde se realiza todo el trabajo, la poseedora de todos los secretos y fórmulas mágicas. Máquinas y herramientas ocultas por las sombras de su taller.

Todo lo necesario para extraer de la indefinición de un simple trozo de madera un instrumento musical. Porque la madera necesita a alguien como Nato para descubrir su verdadera forma y personalidad. Porque no deja de ser un proceso mágico obtener de la nada algo tan frágil como por ejemplo un violín. Visionario de la madera, ingeniero del milímetro. Quien crea un instrumento dota de vida a la madera como Geppetto a su Pinocho.

A veces cuando pasas caminando por delante de casa de Nato se escucha y expande por el espacio la música de sus creaciones, incapaz de ser contenida por las paredes de su hogar. Es en ese momento, cuando sabes que sus instrumentos viven.

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Vuelan las notas

Puerto de Vega años 70. El rock inunda el espacio de una pequeña casa en el estrecho y antiguo barrio de Estebanda, género poco menos que absolutamente desconocido para el pequeño pueblo costero en aquella época. Allí, dos hermanos, Ángel y Antonio, devoran los discos de Los Beatles, Los Stones y demás grupos referencia en los 70 creando las bases mentales de la música y capacidad creativa que años más tarde se vería representada a través de un grupo histórico de la música asturiana y sobre todo del Occidente de Asturias. Y es que Dóberman es toda una referencia que se puede encontrar sin dificultad en todo libro que recoja la historia de la música rock en Asturias.

Pero antes de todo eso, habíamos dejado a los dos hermanos empapándose de música, cultura e historia bajo el techo de su hogar. Cuando alguien siente la música con pasión y más en el mundo del rock, el paso casi inmediato es hacer su propio grupo e imitar a los artistas que se admira. De esta manera, los dos hermanos se van adentrando en la música, con enormes limitaciones pero con un ímpetu irrefrenable. Spitfires y Houston brothers son sus primeros juegos con la música y tras ellos, y su paso por diferentes orquestas donde conocerán a Ricardo García y Jose Ramón Feito, dos jóvenes músicos luarqueses, forman Dóberman.

Dóberman tuvo un éxito casi inmediato. Se extendió rápidamente por sus círculos más cercanos y en una acertada decisión 4 canciones volaron al programa de Ramon Trecet quién inmediatamente llamó a su puerta. Su interés motivó el de Edigsa y eso hizo que firmasen un contrato discográfico. Dóberman encauzaban su camino hacia el éxito y reconocimiento, pero ellos mismos decidieron al poco tiempo no continuar con aquello. Dejaron al grupo en lo más alto. Esa fue su decisión y Ángel reconoce con la perspectiva del tiempo que indudablemente fue la acertada.

Dóberman fue un hecho inevitable. La consolidación de una pasión y el reconocimiento de un trabajo que no murió ni mucho menos con el grupo, porque lo que nunca desapareció fue esa desmesurada y sana pasión por la música, ni la “simbiosis perfecta” con su hermano del que siempre habla con admiración, ni tampoco la transmisión apasionada de sus conocimientos a infinidad de personas que se han puesto en sus manos para vislumbrar la magia de las notas y así poder llegar a rozar el alma de las personas.

Porque el alma de la música está construida con el alma de las personas y eso Ángel lo sabe.

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La mirada muda Nº 3

Cuando pensamos en la persona con la que queríamos comenzar nuestra andadura, casi instantáneamente y sin saber muy bien porqué, Ignacio Martínez Suárez, “Josito”, fue el elegido. Una de esas inexplicables coincidencias de un destino que vio en él a la primera persona en surgir de la Niebla. Porque la Niebla es seguramente el lugar donde vive Josito a día de hoy, conocido por todos, pero desconocido por la mayoría como enorme profesional de la fotografía. Un hombre recio a una cámara pegado. Inconfundible, pero desconocido. Y encubriríamos la realidad si no afirmásemos que los primeros sorprendidos al profundizar en su vida y trayectoria profesional fuimos nosotros mismos.

En una somera reseña biográfica podríamos decir de Ignacio que nace en Navia un 5 de noviembre de 1963. Fue su padre, D. Jesús Martínez Fernández,  pediatra de profesión pero con vocación de ilustrado, quien a la temprana edad de 8 años le puso su primera cámara de fotos en las manos. Su interés y la suerte de poder manejar en su niñez todo tipo de máquinas fotográficas manuales con la instrucción tanto de su padre como de “Viana”, fotógrafo profesional naviego, le sirvió como primer aprendizaje de lo que más adelante sería su pasión y forma de vida.

Realizó los estudios de Ciencias de la información en la especialidad de Imagen y sonido en la Universidad Complutense de Madrid. Sus mayores reconocimientos llegaron tras su salida de España a Austria, con su trabajo de fotografía arquitectónica con los que recibió, entre otros muchos, premios como el Premio Nacional al libro más hermoso de Austria en la categoría Innovación con “La mirada muda. Nº2”, o el Premio Nacional al libro más hermoso de Austria y del mundo, en la categoría de arquitectura con “Monografía Marte-Marte”. Feria Internacional del libro de Leipzig, Alemania.
Ha realizado numerosas exposiciones, y actualmente reside en Navia, donde trabaja como fotógrafo freelance además de cuidar y mantener el archivo fotográfico de su padre, que amplía tanto con sus aportaciones como con otras de antiguos fotógrafos naviegos.

Este mínimo paso final por sus reconocimientos y trabajos no hace honor a la verdad y la verdad es que tanto unos como otros son tan amplios que abruman.

De regreso a lo terreno, Ignacio no sólo se mostró encantado sino incluso entusiasmado y por encima de todo enormemente agradecido por nuestra propuesta, sin darse cuenta de que los agradecidos éramos nosotros.

Quedamos una tarde en su hogar, cámara al hombro y libreta en mano. Nos recibió nervioso. Niebla llamaba a la puerta y no era para menos. Tras enseñarnos la casa, rebosante de historias y saber, herencia de su padre, y ofrecernos todas cuantas bebidas tuviese a mano, nos pasó a la sala de operaciones. Sobre la mesa cientos de imágenes y un tiovivo que giraba sobre la placa de luz. Fotografías. Suyas, de su padre, de otras personas, cuidadas con esmero, archivo de la historia de una villa, de un pueblo, de sus gentes. La historia en imágenes, la interior, la del detalle que cuenta un mundo. Su historia, la nuestra y eso no tiene precio.

Bromeamos con quitarle los brillos, con la leve capa de maquillaje, la línea de ojos. Encendimos la cámara y hablamos. “La fotografía es lo que haces con ella y si haces algo trascendente puede ser arte. Si relacionas bien los elementos puedes hacer magia.

Aquella magia hizo que tras salir y cerrarse la puerta detrás nuestro escuchásemos las voces eufóricas de los niños mientras el luminoso tiovivo giraba sin cesar.

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Bienvenidos a Niebla

Aquí comienza el camino entre la Niebla, hacia el recuerdo.

Niebla es un proyecto con una sencilla pretensión: mostrar o rescatar del olvido de una manera artística personas, lugares e historias del Occidente de Asturias que han formado y conforman nuestra realidad. Esa pequeña intrahistoria como decía Unamuno que pasa desapercibida pero que nos da mucho más sentido en ocasiones que la propia historia de los libros.

El Occidente y sus gentes tienen mucho que mostrar y a buen seguro el viaje iniciado por Niebla descubrirá partes de nosotros mismos que nos eran absolutamente desconocidas.

Quédate con nosotros y atrévete a descubrir entre la Niebla tu propio mundo.

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